Toda una sorpresa. Aunque a veces peque un poco de estetizante, es ciertamente jugando esa baza (la estética) dónde alcanza sus mayores momentos, como aquellos paraguas que preceden a Sparrow. Película de perdedores, cierto, y película muy entroncada en la más pura tradición del cine de triadas hongkonés, hasta el punto de repetir uno de sus argumentos más y más frecuentados: el personaje arribista y sin valores contra los viejos y después de todos honestos delincuentes. El que la acción se traslade a Tailandia y de paso acreciente ese tono crepuscular al tratar de exiliados hongkoneses con pasados turbios, le aporta un punto interesante. Por lo demás, a destacar las interpretaciones de nivel, sobretodo el infalible Francis Ng, el no menos infalible Sam Lee y Gigi Leung, convertida en una fría pero irresistiblemente encantadora asesina. Alan Mak, que tampoco es que empezara con esta película, dibujaba sus aventuras futuras, que pasan por Infernal affairs y llevan hasta Overheard. Viendo el recorrido, cada vez tengo más claro que en esa pareja formada por Andrew Lau y Alan Mak, al que verdaderamente había que seguir era a este último...