Efectivamente, Hou Hsiao-hsien se apropió de la película, para hacer de nuevo una obra totalmente personal... Hay varios elementos curiosos de partida: Hou Hsiao-hsien, como si de un estratega militar se tratara, se hace con los puntos fuertes del equipo que necesita para hacer una película suya: el director de fotografía (tremendo Mark Lee) y el montador, su montador de siempre. Luego, él también produce la película y se ocupa del guión (a medias con el productor francés, cierto, e incluso puedo adivinar que partes son de uno y que partes más del otro). Por si acaso, mete también a una actriz taiwanesa (imagino que para hacerle más soportable la Binoche jeje). Cuando empieza la película ya hace una secreta declaración de intenciones: cruza un tren, atravesamos un túnel. Este es un film de Hou Hsiao-hsien.
Por si teníamos dudas, la película no trata de nada en especial... Sí, de la deriva de ese globo rojo... realmente, de la deriva de Hou Hsiao-hsien por París... Deriva es la palabra que atraviesa toda la película... Hou se deja llevar, curiosea aquí y allí, se detiene en las cosas más tontas, está atento a los sonidos que le envuelven, quiere perderse. Yo, que también me he pasado un año a la deriva (de cuando en cuando) en una ciudad que no conocía, perdiéndome y encontrándome para acabar perdido definitivamente, reconozco ese movimiento, y quizás eso ha hecho que por momentos la película me conmoviera... e igual no conmoverá a nadie más...
Lo cierto, es que cuando quiere, sus imágenes alcanzan un nivel al que no puede llegar nadie más... Su cine se aleja como ese globo rojo, se pierde en el cielo... y ya.
Aquí lucha contra la parte de la Binoche... Hace lo que puede, pero la Binoche es demasiado Binoche y encima le dan un papel en el que puede dar rienda suelta a esa cierta megalomanía que la acompaña en los últimos años... Para colmo, el encargado de vestuario debía estar como una cabra, porque le mete unos trajes por momentos que le habrán hecho echar sangre por los ojos a Mark Lee (y preguntarse a Hou Hsiao-hsien si en occidente se viste así...). Aún así, en todo esa especie de histrionismo, el director taiwanés parece intentar encontrar el equilibrio, y pensar que si no puede con la loca esta a ver si al menos logra encontrar un instante, un segundo que la justifique... Y tenemos que esperar al final de la película, pero ese segundo llega...
En definitiva, una película que no desmerece su filmografía, es más, la continua brillantemente. Ah, y preciosa banda sonora (de la cantante francesa Camille... al piano...) que incide en esa deriva de un taiwanés en un París que sólo él podía ver...
Me edito: Por cierto, antes de que alguien se vuelva loco intentando adivinar dónde ha escuchado la canción que canta la propia Camille al final, decir que en realidad es una versión de The forgotten time, una canción de la cantante taiwanesa Tsai Chin, con la que Andy Lau probaba el sonido de su equipo música, junto con Tony Leung Chiu-wai en... Infernal affairs.