Me apetecía ver un Gosha y mira, me puse con esta, porque era la que tenía en ese momento... La verdad es que es un chambara pasado por el agua de los ochenta, que no es cualquier cosa. Yo supongo que cuando un género pasa los setenta de la mano de Kurosawa y compañía y los setenta de la mano de Misumi y compañía, sin olvidarnos del propio Gosha, cuando llegas a los ochenta sólo te queda encomendarte a todos los santos para intentar hacer algo decente y que parezca diferente. Y no debe ser nada fácil. Y claro, si encima los medios son un poco televisivos, pues a ver por donde tiras. Gosha tiró por mezcla lo más clásico del chambara con unos insertos y unos personajes que están sobreactuados hasta donde se puede estar sobreactuado, creando una obra de fantasía por instantes. El enfrentamiento de la malvada bailarina disco con la gimnasta de cinta, no tiene desperdicio, y las caras que pone la primera tampoco. El policía, como dice Maedhros, ya juega en otra división: la de pastillas que le meterían en la bebiba para alcanzar esos niveles jeje . El resultado no es seguramente un clásico, y más de un hombre que los tiene a puñados, pero si una película entrenida, muy eso, de sus ochenta, de sus locos ochenta, y que nos hará pasar un buen rato con una intriga interesante (que tampoco parece que sea lo que más les interesa) y una estética que hubiera firmado Seijun Suzuki...