Título: Tokyo Oasis (Kana Matsumoto, Kayo Nakamura, 2011)
Publicado por: daehara en 24 Noviembre, 2013, 21:33:08
Situado en Tokio, la actriz Touko (Satomi Kobayashi) deja el set de filmación de su último proyecto. A continuación, se encuentra con tres personas al azar. Un hombre desconocido llamado Nagano (Ryo Kase) le da un aventón. En un pequeño teatro Kouko se encuentra con Kikuchi (Tomoyo Harada), una ex guionista que ahora trabaja ahí. Por último, Touko conoce a Yasuko (Haru Kuroki) en el zoológico. Yasuko es una chica que estudia para su examen de ingreso a la universidad y ha solicitado un puesto de trabajo en el zoológico.
Título: Tokyo Oasis (Kana Matsumoto, Kayo Nakamura, 2011)
Publicado por: nicolasss en 25 Noviembre, 2013, 07:10:54
Opa, esta tiene pinta de ser de las mias.
Baaaajando.
Muchas gracias.
Título: Tokyo Oasis (Kana Matsumoto, Kayo Nakamura, 2011)
Publicado por: nicolasss en 18 Diciembre, 2013, 07:07:05
Me ha encantado, hipnotizado seria la palabra justa.
"El personaje errante, va conociendo en el camino a otros personajes e interactua con ellos"
Suena trillado, pero aqui se da con una naturalidad tal, que hasta duele. Son como mini-historias, que comienzan con cada una de las personas que el personaje se va encontrando.
La mejor para mi, la primera, una magnifica Tokio a las 5 de la mañana, (genial el uso del sonido, sin musica) en el primera parte, ese gigante dormido, o a medio dormir (la autopoista y los trenes nunca paran) la soledad de una estacion de servicio, el silencio humano de una ciudad de madrugada.
En fin, me encanto.
Título: Tokyo Oasis (Kana Matsumoto, Kayo Nakamura, 2011)
Publicado por: nomasespias en 18 Diciembre, 2013, 17:24:39
Expresar algo diferente a lo que ha referido nicolasss sería vano. Aun así, me asalta la duda de si no habré visto fantasmas, o realmente existe alguna relación manifiesta. Y es que, cuando en el segundo encuentro aparece el cartel de "Un hombre sin pasado", de 2.002, empiezo a entender porqué me atrapa desde el principio. Y no es tanto comparar, sino identificar dos joyas que refractan la luz de las pulsiones humanas, que se dan de forma ubiqua, ofreciendo en su sencillez, casi austeridad, (lo que hay es lo que es, y en ello está todo, no falta nada), toda la gama cromática de las mismas. Esa necesidad de comunicarse, la de no hacerlo, pero siempre dispuestos a experimentar el intercambio, rompiendo con la sensación de estar envasados, plastificados, en preservación y protección ante lo que nos rodea. En fin, digresiones erráticas al margen, lo dicho, Una Joya.